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Más insultos y una reflexión sobre UPyD

Casi no he salido de mi asombro por los insultos proferidos por la plataforma de intelectuales que apoyan a Zapatero cuando he aquí que me topo con un artículo de Pascual Tamburri en El Semanal Digital en el que dice lo siguiente sobre Fernando Savater:

Yo no puedo votar a UPD porque Fernando Savater y sus ideas, que empapan la sigla, son lo contrario de cualquier patriotismo español y la cloaca intelectual de cualquier derecha plural, aparte de que me debo a UPN, que representa una alternativa local mejor al zapaterismo.

Sí, está copiado literalmente. Y en ese párrafo sobraba la expresión “cloaca intelectual” que no es digna de nada que se quiera llamar ni de lejos debate político. Los intelectuales de cualquier signo político deberían abstenerse de usar forma alguna de insulto en la discusión de las ideas, que son lo que realmente nos interesa.

Sin embargo, y a pesar de ese exabrupto, el párrafo en cuestión dice algunas cosas muy interesantes sobre UPyD, a saber:

  • Que las ideas de Savater empapan la ideología de UPyD, cosa que es manifiestamente cierta: basta leer el manifiesto fundacional del partido para percibir en él las ideas y hasta el estilo y la voz de Fernando Savater.
  • Que las ideas del autor de Contra las patrias son “lo contrario de cualquier patriotismo español”, cosa que es también manifiestamente cierta, y no por haber pronunciado la frase, repetida después hasta la saciedad por sus detractores, “la idea de España me la sopla”, sino porque sus ideas se oponen a cualquier patriotismo, español o de cualquier otro lugar o identidad, y se anclan en la idea de que “la patria del sabio es el mundo entero”, en un internacionalismo antipatrioterista que es la base de la tal frasecita tan citada después.
    Y es que UPyD, al contrario de lo que algunos desearían, no es un partido que oponga un patriotismo identitario español a otros patriotismos identitarios, sino un partido que defiende la igualdad de derechos y oportunidades de todos los ciudadanos, independientemente de sus sentimientos de pertenencia e identidad comunitaria (el que los tenga), que no pueden ser la vergonzosa justificación de privilegios e imposiciones. Lo decía recientemente Mikel Buesa en una entrevista publicada en Diario de Pontevedra (10/2/2008):

    A mí lo que me interesan son las ideas, no las etiquetas. ¿Que alguien me quiera llamar nacionalista español? Pues muy bien, perfecto, pero yo no tengo una concepción identitaria de la nación. Creo que el nacionalismo español es el nacionalismo de los ciudadanos que quieren la igualdad de derechos y la inexistencia de privilegios, lo que contrasta con los nacionalismos periféricos de Galicia, Cataluña, País Vasco…

  • Que Fernando Savater no es de derechas, cosa por demás evidente para cualquiera que haya leído sus libros y conozca su trayectoria.

Y todo esto en lo que Pascual Tamburri tiene razón, y que representa para él un conjunto de razones para no votar al partido en el que milita Savater, a otros nos motiva justamente para votar a ese partido.

Tamburri no menciona otras cuestiones aparte del “patriotismo”, pero existen sin duda otros motivos ideológicos por detrás del agrio desprecio que muestran las palabras del autor de Genocidio educativo (libro en el que se afirma que “La educación, como proceso integral, corresponde a la familia y a las comunidades humanas naturales“) hacia quien escribía en un reciente artículo (En defensa propia) a propósito de la polémica sobre la asignatura “Educación para la ciudadanía”:

La objeción más inteligible contra esta materia viene a ser que el Estado no debe pretender educar a los neófitos en cuestiones morales porque ésta es una atribución exclusiva de las familias. (…) Francamente, no me resulta fácil imaginar una formación educativa que no incluya una forma de ver la vida, ni una educación de personas que omita mencionar la relación entre la conciencia de cada cual y las normas sociales que comparte con su comunidad. Pero de lo que estoy convencido es de que la enseñanza institucional tiene no sólo el derecho sino la clarísima obligación de instruir en valores morales compartidos, no para acogotar el pluralismo moral, sino precisamente para permitir que éste exista en un marco de convivencia.

Y es que muchos siguen creyendo que UPyD es (o pensando que debería ser, o deseando que sea) una especie de PP en todo, excepto en su oposición a pactar con los partidos nacionalistas para asegurarse una mayoría, y en una (¡aún!) mayor inclinación hacia el patrioterismo identitario español. No han entendido, o no quieren entender, el proyecto de un partido transversal que reúne gentes con un amplio abanico de ideas, de la tradición de izquierdas y de la de derechas, en torno a una común idea de progresismo. No han entendido, o no quieren entender, que por detrás de la oposición de UPyD a las propuestas de los nacionalismos secesionistas no hay un nacionalismo español de corte semejante, sino el proyecto de un Estado en el que las identidades nacionales no sean la excusa para la desigualdad y la imposición, y en el que se garantice la igualdad de derechos de todos los ciudadanos.

La decepción de Europa

… la decepción, la increíble decepción de los que soñaban en una Europa fuerte y que, en lugar de esa Europa, se encuentran hoy en día ante un enano político que obedece a un mercado liberal despiadado.

Estas palabras son de Sami Naïr, en un artículo titulado “Problemas de Europa” que publica hoy el Faro de Vigo. Su lúcido análisis de la falta de legitimidad de un proceso de construcción europea que se niega a consultar a las poblaciones, y que se dirige bajo el signo del liberalismo a una sociedad competitiva y falta de solidaridad con una creciente privatización de los servicios públicos, debería hacer reflexionar a todos los gobernantes europeos. Especialmente porque como él muy bien dice:

Europa no debe ser un mercado privatizado en el que la “competencia” define el poder de cada uno: si esto ocurriera, podemos sin equivocarnos prever en el futuro luchas muy duras entre los pueblos e incluso el retorno de los nacionalismos ultrarradicales. Europa debe ser un proyecto común de solidaridad. Necesidad que nos obliga a plantear las cuestiones de la política monetaria europea, del control político del Banco central con la creación de un gobierno económico europeo (ya previsto desde el Tratado de Maastricht pero nunca conseguido), de la lucha en contra de las deslocalizaciones de empleos, de la racionalización de la ampliación (avanzar lentamente sin poner las sociedades en competición de sueldos), de la armonización de la fiscalidad, etcétera. Los responsables políticos deben afrontar estas cuestiones, salvo si lo que quieren es sembrar minas en Europa. Que como todo el mundo sabe, un día u otro pueden estallar.

Bienestar para todos, sin excepción y por igual, o lucha feroz entre todos por el bienestar conseguido a costa del malestar de otros. No nos queda otra opción.