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Un gran paso adelante

Aunque parezca mentira, en España todavía existen colegios públicos en los que hay crucifijos en las aulas y cuyos responsables se niegan a retirarlos. Es una gran noticia que una decisión judicial ordene la retirada de los crucifijos del colegio público Macías Picavea en Valladolid, tras la demanda interpuesta por la Asociación Cultural Escuela Laica.

Laicismo

Hace algunos días, los medios de comunicación se han hecho eco de la condena al juez italiano Luigi Tosti, que suspendió tres vistas debido a la presencia de un crucifijo en la sala. El caso recuerda a otro de hace ya trece años, cuando el Tribunal Constitucional alemán prohibió la presencia de crucifijos en las escuelas públicas, presencia que la ley educativa del estado de Baviera no sólo permitía sino que consideraba obligatoria. En aquella ocasión, católicos – y protestantes – alemanes se manifestaron en las calles contra la decisión del Tribunal Constitucional, que consideraban “antirreligiosa”. Para asombro de muchos de los que asistimos a aquella polémica desde fuera, el problema radicaba en que en 1995 estaba vigente un artículo (135) de la Constitución de Baviera que, en su redacción de 1968, establecía que “los alumnos de las escuelas públicas deben ser educados y enseñados según los principios de la fe cristiana”.

Muchos dirán que no es para tanto, y que un crucifijo encima del encerado o en la sala de un tribunal no es motivo para rasgarse las vestiduras, ni para retirar a los niños del colegio ni para interrumpir una sesión del tribunal. ¿Dirían lo mismo si se tratara, pongamos por caso, de la hoz y el martillo, la estrella de David, unas suras del Corán, un sonriente Buda o el logotipo de un partido político?

Otros dirán que se trata de hechos de otro tiempo o de otro lugar, y que aquí no ocurren estas cosas. Siento tener que decir que por detrás del caso italiano está la vigencia de leyes obsoletas apoyadas en un Concordato con la Santa Sede semejante al que tiene el Estado español. Y que la Constitución española dice en su artículo 16:

Ninguna confesión tendrá carácter estatal. Los poderes públicos tendrán en cuenta las creencias religiosas de la sociedad española y mantedrán las consiguientes relaciones de cooperación con la Iglesia Católica y las demás confesiones.

A las Elecciones Generales del próximo 9 de marzo se presenta un partido político que ha incluido en su programa la reforma de ese artículo de la Constitución para que sólo diga: “Ninguna confesión tendrá carácter estatal”. Reforma necesaria pues los poderes públicos no pueden ni deben tener en cuenta ninguna creencia religiosa para llevar a cabo sus tareas, una de las cuales – y no la menor – es garantizar que todos puedan profesar la fe que deseen en libertad y con respeto a quien no la profesa. Administrar justicia o educar desde los poderes públicos a la sombra de un símbolo religioso sólo lleva al rechazo, a la desconfianza y a la indignación de quien no comparte las creencias que simboliza. Introducir las religiones en el seno del currículo escolar es dedicar los recursos de todos a fomentar e inculcar las ideas y la fe de algunos, que deberían asumir que son ellos, creyentes, quienes, en conjunto con los ministros de su religión, deben usar sus propios recursos para educar en la fe que profesan a quien lo desee, y no a llamar a la desobediencia civil contra leyes como la del matrimonio homosexual, que nada imponen ni obligan a nadie a vivir de manera diferente a como desee hacerlo en pleno ejercicio de su libertad de conciencia.

Insultar

Insultar se ha convertido, desgraciadamente, en práctica común de la confrontación política cuando se carece de argumentos o de las buenas artes de la retórica para discutir ideas de forma elegante y respetuosa con el adversario.

Según cuenta el diario El País, un grupo de intelectuales y artistas, a los que mucho aprecio, respeto y en algunos casos hasta admiro, ha creado una plataforma de apoyo a Zapatero en las elecciones del próximo 9 de marzo en cuyo manifiesto, titulado Defender la alegría, se dice que hay que votar a Zapatero para que (según El País, pues no he podido encontrar el texto del manifiesto en otra fuente) no vuelva “la turba mentirosa que piensa, desde su imbecilidad, que todos somos más imbéciles que ellos”. (sic)

No sé si con ello pretenden decir que son imbéciles “sólo” los políticos de derechas (porque según El País Almodóvar ha aclarado que su apoyo “se extiende a toda la izquierda”) o también la gente que les vota, o incluso todos los que no votan a Zapatero y no siguen esas consignas del tipo “¡que viene la derecha!”. Pero en todo caso no me parece serio que un grupo de personas ilustradas e inteligentes hagan semejantes afirmaciones insultantes en vez de propiciar el debate y la reflexión serena sobre lo que Zapatero ha hecho bien (que son bastantes cosas) y lo que ha hecho mal (que también son bastantes).

Y sí, está muy bien rasgarse las vestiduras ante la “teocracia” que pretenden los obispos, pero no está de más recordar también que entre las cosas que Zapatero ha hecho mal está el no avanzar decididamente por el camino del laicismo del Estado y de la educación pública, acabando con el famoso Concordato con la Santa Sede, eliminando cualquier enseñanza religiosa (de cualquier religión) en la escuela pública, y acabando con la financiación del Estado a la Iglesia Católica, que debe ser financiada principalmente, como cualquier otra entidad colectiva privada, por sus miembros, por sus fieles (sin excluir, naturalmente, la moderada subvención estatal a todas aquellas que no tengan ánimo de lucro y sean de interés público, sean religiosas o no). No lo ha hecho porque no ha querido, porque el PSOE sabe desde hace mucho tiempo que el día en que finalmente avance por ese camino perderá las siguientes elecciones, pues gran parte de sus simpatizantes y militantes no están de acuerdo con esos planteamientos laicistas. Yo no los insulto por ello, no los llamo imbéciles, aunque desde luego me parece muy poco inteligente declararse católico (como hacen muchos dirigentes y militantes socialistas), querer religión para sus hijos en la escuela, no usar la mayoría absoluta para llevar a cabo las reformas necesarias para la separación estricta y absoluta entre religión y Estado, y después quejarse de que la Iglesia quiera tener poder e imponer sus ideas en la sociedad.

Así que, por favor, señores miembros de la plataforma de apoyo a Zapatero: no insulten, no piensen que los demás no llegamos a las alturas de tanta inteligencia reunida.