Archivo de la Categoría 'Elecciones generales 2008'

Laicismo

Hace algunos días, los medios de comunicación se han hecho eco de la condena al juez italiano Luigi Tosti, que suspendió tres vistas debido a la presencia de un crucifijo en la sala. El caso recuerda a otro de hace ya trece años, cuando el Tribunal Constitucional alemán prohibió la presencia de crucifijos en las escuelas públicas, presencia que la ley educativa del estado de Baviera no sólo permitía sino que consideraba obligatoria. En aquella ocasión, católicos – y protestantes – alemanes se manifestaron en las calles contra la decisión del Tribunal Constitucional, que consideraban “antirreligiosa”. Para asombro de muchos de los que asistimos a aquella polémica desde fuera, el problema radicaba en que en 1995 estaba vigente un artículo (135) de la Constitución de Baviera que, en su redacción de 1968, establecía que “los alumnos de las escuelas públicas deben ser educados y enseñados según los principios de la fe cristiana”.

Muchos dirán que no es para tanto, y que un crucifijo encima del encerado o en la sala de un tribunal no es motivo para rasgarse las vestiduras, ni para retirar a los niños del colegio ni para interrumpir una sesión del tribunal. ¿Dirían lo mismo si se tratara, pongamos por caso, de la hoz y el martillo, la estrella de David, unas suras del Corán, un sonriente Buda o el logotipo de un partido político?

Otros dirán que se trata de hechos de otro tiempo o de otro lugar, y que aquí no ocurren estas cosas. Siento tener que decir que por detrás del caso italiano está la vigencia de leyes obsoletas apoyadas en un Concordato con la Santa Sede semejante al que tiene el Estado español. Y que la Constitución española dice en su artículo 16:

Ninguna confesión tendrá carácter estatal. Los poderes públicos tendrán en cuenta las creencias religiosas de la sociedad española y mantedrán las consiguientes relaciones de cooperación con la Iglesia Católica y las demás confesiones.

A las Elecciones Generales del próximo 9 de marzo se presenta un partido político que ha incluido en su programa la reforma de ese artículo de la Constitución para que sólo diga: “Ninguna confesión tendrá carácter estatal”. Reforma necesaria pues los poderes públicos no pueden ni deben tener en cuenta ninguna creencia religiosa para llevar a cabo sus tareas, una de las cuales – y no la menor – es garantizar que todos puedan profesar la fe que deseen en libertad y con respeto a quien no la profesa. Administrar justicia o educar desde los poderes públicos a la sombra de un símbolo religioso sólo lleva al rechazo, a la desconfianza y a la indignación de quien no comparte las creencias que simboliza. Introducir las religiones en el seno del currículo escolar es dedicar los recursos de todos a fomentar e inculcar las ideas y la fe de algunos, que deberían asumir que son ellos, creyentes, quienes, en conjunto con los ministros de su religión, deben usar sus propios recursos para educar en la fe que profesan a quien lo desee, y no a llamar a la desobediencia civil contra leyes como la del matrimonio homosexual, que nada imponen ni obligan a nadie a vivir de manera diferente a como desee hacerlo en pleno ejercicio de su libertad de conciencia.

Más insultos y una reflexión sobre UPyD

Casi no he salido de mi asombro por los insultos proferidos por la plataforma de intelectuales que apoyan a Zapatero cuando he aquí que me topo con un artículo de Pascual Tamburri en El Semanal Digital en el que dice lo siguiente sobre Fernando Savater:

Yo no puedo votar a UPD porque Fernando Savater y sus ideas, que empapan la sigla, son lo contrario de cualquier patriotismo español y la cloaca intelectual de cualquier derecha plural, aparte de que me debo a UPN, que representa una alternativa local mejor al zapaterismo.

Sí, está copiado literalmente. Y en ese párrafo sobraba la expresión “cloaca intelectual” que no es digna de nada que se quiera llamar ni de lejos debate político. Los intelectuales de cualquier signo político deberían abstenerse de usar forma alguna de insulto en la discusión de las ideas, que son lo que realmente nos interesa.

Sin embargo, y a pesar de ese exabrupto, el párrafo en cuestión dice algunas cosas muy interesantes sobre UPyD, a saber:

  • Que las ideas de Savater empapan la ideología de UPyD, cosa que es manifiestamente cierta: basta leer el manifiesto fundacional del partido para percibir en él las ideas y hasta el estilo y la voz de Fernando Savater.
  • Que las ideas del autor de Contra las patrias son “lo contrario de cualquier patriotismo español”, cosa que es también manifiestamente cierta, y no por haber pronunciado la frase, repetida después hasta la saciedad por sus detractores, “la idea de España me la sopla”, sino porque sus ideas se oponen a cualquier patriotismo, español o de cualquier otro lugar o identidad, y se anclan en la idea de que “la patria del sabio es el mundo entero”, en un internacionalismo antipatrioterista que es la base de la tal frasecita tan citada después.
    Y es que UPyD, al contrario de lo que algunos desearían, no es un partido que oponga un patriotismo identitario español a otros patriotismos identitarios, sino un partido que defiende la igualdad de derechos y oportunidades de todos los ciudadanos, independientemente de sus sentimientos de pertenencia e identidad comunitaria (el que los tenga), que no pueden ser la vergonzosa justificación de privilegios e imposiciones. Lo decía recientemente Mikel Buesa en una entrevista publicada en Diario de Pontevedra (10/2/2008):

    A mí lo que me interesan son las ideas, no las etiquetas. ¿Que alguien me quiera llamar nacionalista español? Pues muy bien, perfecto, pero yo no tengo una concepción identitaria de la nación. Creo que el nacionalismo español es el nacionalismo de los ciudadanos que quieren la igualdad de derechos y la inexistencia de privilegios, lo que contrasta con los nacionalismos periféricos de Galicia, Cataluña, País Vasco…

  • Que Fernando Savater no es de derechas, cosa por demás evidente para cualquiera que haya leído sus libros y conozca su trayectoria.

Y todo esto en lo que Pascual Tamburri tiene razón, y que representa para él un conjunto de razones para no votar al partido en el que milita Savater, a otros nos motiva justamente para votar a ese partido.

Tamburri no menciona otras cuestiones aparte del “patriotismo”, pero existen sin duda otros motivos ideológicos por detrás del agrio desprecio que muestran las palabras del autor de Genocidio educativo (libro en el que se afirma que “La educación, como proceso integral, corresponde a la familia y a las comunidades humanas naturales“) hacia quien escribía en un reciente artículo (En defensa propia) a propósito de la polémica sobre la asignatura “Educación para la ciudadanía”:

La objeción más inteligible contra esta materia viene a ser que el Estado no debe pretender educar a los neófitos en cuestiones morales porque ésta es una atribución exclusiva de las familias. (…) Francamente, no me resulta fácil imaginar una formación educativa que no incluya una forma de ver la vida, ni una educación de personas que omita mencionar la relación entre la conciencia de cada cual y las normas sociales que comparte con su comunidad. Pero de lo que estoy convencido es de que la enseñanza institucional tiene no sólo el derecho sino la clarísima obligación de instruir en valores morales compartidos, no para acogotar el pluralismo moral, sino precisamente para permitir que éste exista en un marco de convivencia.

Y es que muchos siguen creyendo que UPyD es (o pensando que debería ser, o deseando que sea) una especie de PP en todo, excepto en su oposición a pactar con los partidos nacionalistas para asegurarse una mayoría, y en una (¡aún!) mayor inclinación hacia el patrioterismo identitario español. No han entendido, o no quieren entender, el proyecto de un partido transversal que reúne gentes con un amplio abanico de ideas, de la tradición de izquierdas y de la de derechas, en torno a una común idea de progresismo. No han entendido, o no quieren entender, que por detrás de la oposición de UPyD a las propuestas de los nacionalismos secesionistas no hay un nacionalismo español de corte semejante, sino el proyecto de un Estado en el que las identidades nacionales no sean la excusa para la desigualdad y la imposición, y en el que se garantice la igualdad de derechos de todos los ciudadanos.

Insultar

Insultar se ha convertido, desgraciadamente, en práctica común de la confrontación política cuando se carece de argumentos o de las buenas artes de la retórica para discutir ideas de forma elegante y respetuosa con el adversario.

Según cuenta el diario El País, un grupo de intelectuales y artistas, a los que mucho aprecio, respeto y en algunos casos hasta admiro, ha creado una plataforma de apoyo a Zapatero en las elecciones del próximo 9 de marzo en cuyo manifiesto, titulado Defender la alegría, se dice que hay que votar a Zapatero para que (según El País, pues no he podido encontrar el texto del manifiesto en otra fuente) no vuelva “la turba mentirosa que piensa, desde su imbecilidad, que todos somos más imbéciles que ellos”. (sic)

No sé si con ello pretenden decir que son imbéciles “sólo” los políticos de derechas (porque según El País Almodóvar ha aclarado que su apoyo “se extiende a toda la izquierda”) o también la gente que les vota, o incluso todos los que no votan a Zapatero y no siguen esas consignas del tipo “¡que viene la derecha!”. Pero en todo caso no me parece serio que un grupo de personas ilustradas e inteligentes hagan semejantes afirmaciones insultantes en vez de propiciar el debate y la reflexión serena sobre lo que Zapatero ha hecho bien (que son bastantes cosas) y lo que ha hecho mal (que también son bastantes).

Y sí, está muy bien rasgarse las vestiduras ante la “teocracia” que pretenden los obispos, pero no está de más recordar también que entre las cosas que Zapatero ha hecho mal está el no avanzar decididamente por el camino del laicismo del Estado y de la educación pública, acabando con el famoso Concordato con la Santa Sede, eliminando cualquier enseñanza religiosa (de cualquier religión) en la escuela pública, y acabando con la financiación del Estado a la Iglesia Católica, que debe ser financiada principalmente, como cualquier otra entidad colectiva privada, por sus miembros, por sus fieles (sin excluir, naturalmente, la moderada subvención estatal a todas aquellas que no tengan ánimo de lucro y sean de interés público, sean religiosas o no). No lo ha hecho porque no ha querido, porque el PSOE sabe desde hace mucho tiempo que el día en que finalmente avance por ese camino perderá las siguientes elecciones, pues gran parte de sus simpatizantes y militantes no están de acuerdo con esos planteamientos laicistas. Yo no los insulto por ello, no los llamo imbéciles, aunque desde luego me parece muy poco inteligente declararse católico (como hacen muchos dirigentes y militantes socialistas), querer religión para sus hijos en la escuela, no usar la mayoría absoluta para llevar a cabo las reformas necesarias para la separación estricta y absoluta entre religión y Estado, y después quejarse de que la Iglesia quiera tener poder e imponer sus ideas en la sociedad.

Así que, por favor, señores miembros de la plataforma de apoyo a Zapatero: no insulten, no piensen que los demás no llegamos a las alturas de tanta inteligencia reunida.