Citizenship Education

En la edición del periódico El País se podía leer: “Valencia agudiza el boicoteo a Ciudadanía al impartirla en inglés“. En el texto de la noticia explican los periodistas que “ni hay suficientes profesores preparados para hacerlo ni los alumnos cuentan con nivel suficiente de ese idioma como para enterarse del contenido de la clase, aseguran los sindicatos”, y este hecho no parece merecer más comentario que la crítica a las “piruetas administrativas” que se están haciendo para boicotear la asignatura.

Es triste y lamentable que una decisión como esta se tome con la finalidad de boicotear la asignatura (si es que es esa la intención, cosa que yo no tengo capacidad para juzgar, aunque desde luego no parece muy razonable que algunos contenidos incluidos en ella, como la Constitución Española y el sistema político español se impartan en inglés) y es más triste y lamentable aún que a nadie le merezca el menor comentario el hecho de que, según los sindicatos, no se puedan encontrar con facilidad suficientes profesores de Filosofía o Geografía e Historia con el nivel necesario de inglés para impartir la clase en esa lengua, ni el hecho de que los chicos y chicas de 14 años que asisten a la enseñanza obligatoria no puedan seguir una clase en inglés. En España se sigue pudiendo acabar una licenciatura sin ser capaz de comunicarse en inglés o en otra lengua extranjera, y a pesar de los diversos planes y proyectos para la introducción temprana de lenguas extranjeras (el inglés y también, aunque en menor medida, el francés) en la enseñanza, los resultados están todavía por debajo de lo deseable.

En este sentido, iniciativas para impartir con carácter general cualquier asignatura, incluida la “Educación para la ciudadanía”, en inglés o en otra lengua extranjera me parecen en principio positivas, pues son las que realmente van a contribuir al aumento de la capacidad de comunicación en otras lenguas de la población en general y a la generalización del multilingüismo, lo cual es un objetivo estratégico de la Europa en la que vivimos. Lean, por favor, el informe de Eurydice sobre Content and Language Integrated Learning (CLIL) at School in Europe (y el estudio comparativo correspondiente, ambos del año 2005) antes de decir que esto es sólo un boicot absurdo y sin sentido. ¿Es absurdo y sin sentido hablar de derechos humanos e instituciones y tratados internacionales que se ocupan de ellos en inglés como parte de la educación de nuestros hijos? No lo creo. Y eso también forma parte de los contenidos de la asignatura.

El problema es que casi nadie conoce realmente los contenidos de la asignatura, pues el debate mediático al que asistimos alrededor de esta asignatura gira en torno a la idea de si se trata o no de “adoctrinamiento ideológico” y pone encima de la mesa, como mucho, muestras de libros de texto. Nadie habla realmente de los objetivos y contenidos de la asignatura que están ahí disponibles en el BOE para que todos los podamos leer: lean las enseñanzas mínimas de la ESO, por ejemplo, y piensen si el conocimiento de la Constitución y del sistema político español, la reflexión sobre los derechos humanos y sobre las instituciones internacionales que tratan de ampararlos, las actitudes de no discriminación por razón de sexo, raza, religión, orientación sexual o cualquier otra característica personal y social, o la reflexión ética no deben formar parte de la enseñanza obligatoria. De hecho, ya han formado parte anteriormente de la enseñanza obligatoria (¿ya nadie se acuerda de aquella “Ética” alternativa a la religión? ¿o el problema es que la religión no sea una alternativa a esta asignatura?) y España no es ni mucho menos el único país europeo que ha implementado una asignatura de este tipo, como muestran el informe de Eurydice sobre Citizenship Education at School in Europe y el estudio comparativo correspondiente, ambos del año 2005. De hecho, el concepto de “ciudadanía responsable” – entendido como conciencia de los derechos y deberes que todo ciudadano tiene en una sociedad democrática y capacidad para ejercer los primeros y cumplir los segundos – que está por detrás de la definición de sus objetivos y contenidos parte de las propuestas del Consejo de Europa sobre la cuestión. No parece aceptable que nos preocupemos de la literacía en general y de, por ejemplo, la literacía digital de nuestros hijos y no de su literacía política.

Justamente, la reciente sentencia del Tribunal Superior de Justicia de Andalucía que da la razón a unos padres que pretendían impedir que su hijo asistiese a esa asignatura obligatoria y tuviese que ser evaluado, indica entre otros argumentos que los contenidos “tienen un alto grado de indefinición, lo que no facilita el ejercicio de los derechos de los padres” (punto cuarto de sus fundamentos de derecho).

Lléguese a un consenso en cuanto a los contenidos. Establézcanse claramente, tanto como nuestro sistema de enseñanzas mínimas estatales y currículos autonómicos permita. Pero no se diga que no hace falta educación para la ciudadanía en la escuela pública.

1 Respuesta a “Citizenship Education”


  • Dionisio Martínez Soler

    Dos referencias interesantes sobre el tema de esta entrada:

    • Un artículo de Fernando Savater en defensa de la asignatura “Educación para la ciudadanía” aparecido en el diario El País el día 8 de abril de 2008: Exigencias de la democracia.
    • El anuncio reciente de que finalmente los programas de estudio de todos los futuros estudios de grado en las universidades de Galicia exigirán un nivel B1 de inglés para obtener el título.

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