Insultar se ha convertido, desgraciadamente, en práctica común de la confrontación política cuando se carece de argumentos o de las buenas artes de la retórica para discutir ideas de forma elegante y respetuosa con el adversario.
Según cuenta el diario El País, un grupo de intelectuales y artistas, a los que mucho aprecio, respeto y en algunos casos hasta admiro, ha creado una plataforma de apoyo a Zapatero en las elecciones del próximo 9 de marzo en cuyo manifiesto, titulado Defender la alegría, se dice que hay que votar a Zapatero para que (según El País, pues no he podido encontrar el texto del manifiesto en otra fuente) no vuelva “la turba mentirosa que piensa, desde su imbecilidad, que todos somos más imbéciles que ellos”. (sic)
No sé si con ello pretenden decir que son imbéciles “sólo” los políticos de derechas (porque según El País Almodóvar ha aclarado que su apoyo “se extiende a toda la izquierda”) o también la gente que les vota, o incluso todos los que no votan a Zapatero y no siguen esas consignas del tipo “¡que viene la derecha!”. Pero en todo caso no me parece serio que un grupo de personas ilustradas e inteligentes hagan semejantes afirmaciones insultantes en vez de propiciar el debate y la reflexión serena sobre lo que Zapatero ha hecho bien (que son bastantes cosas) y lo que ha hecho mal (que también son bastantes).
Y sí, está muy bien rasgarse las vestiduras ante la “teocracia” que pretenden los obispos, pero no está de más recordar también que entre las cosas que Zapatero ha hecho mal está el no avanzar decididamente por el camino del laicismo del Estado y de la educación pública, acabando con el famoso Concordato con la Santa Sede, eliminando cualquier enseñanza religiosa (de cualquier religión) en la escuela pública, y acabando con la financiación del Estado a la Iglesia Católica, que debe ser financiada principalmente, como cualquier otra entidad colectiva privada, por sus miembros, por sus fieles (sin excluir, naturalmente, la moderada subvención estatal a todas aquellas que no tengan ánimo de lucro y sean de interés público, sean religiosas o no). No lo ha hecho porque no ha querido, porque el PSOE sabe desde hace mucho tiempo que el día en que finalmente avance por ese camino perderá las siguientes elecciones, pues gran parte de sus simpatizantes y militantes no están de acuerdo con esos planteamientos laicistas. Yo no los insulto por ello, no los llamo imbéciles, aunque desde luego me parece muy poco inteligente declararse católico (como hacen muchos dirigentes y militantes socialistas), querer religión para sus hijos en la escuela, no usar la mayoría absoluta para llevar a cabo las reformas necesarias para la separación estricta y absoluta entre religión y Estado, y después quejarse de que la Iglesia quiera tener poder e imponer sus ideas en la sociedad.
Así que, por favor, señores miembros de la plataforma de apoyo a Zapatero: no insulten, no piensen que los demás no llegamos a las alturas de tanta inteligencia reunida.

