Síndrome del Profesor Alumno (o del Alumno Profesor)

En el conocido blog El Hábitat del Unicornio se habla recientemente de un inquietante (y supongo que imaginario, aunque nunca se sabe…) Síndrome del Acento Extranjero que igual nos vendría bien de vez en cuando tanto a docentes como a discentes.
Su autor, Luis Muiño, psicoterapeuta que también solía llevar un programa sobre psicología con el mismo título del blog en Radio 5 – Todo noticias, comenta lo siguiente:

La dichosa enfermedad es un raro trastorno de origen neurológico (habitualmente consecuencia de una lesión cerebral) que provoca que los pacientes hablen su lengua materna, de forma involuntaria, como lo haría un extranjero. (…) ¿Será el Síndrome del Acento Extranjero una extraña broma de la naturaleza diseñada para hacernos sentir lo que viven los inmigrantes en nuestros países?¿Habrá más síndromes de estos?¿Existirá el Síndrome del Hombre que se Convierte en Mujer durante un tiempo?¿Padecerá alguien el Síndrome del Animal Humano que se convierte en No Humano?¿Y el Síndrome de la Pobreza Repentina?.
Aunque los relatos orales de diversas culturas estén llenos de Síndromes como estos, supongo que no serán reales. Pero a veces pienso que nos vendrían muy bien a todos.
Aunque sólo duraran un día y una noche.

Estoy de acuerdo con Luis y añadiría a la lista, en nuestro ámbito, un Síndrome del Profesor de Idiomas que se Convierte en Estudiante y un Síndrome del Estudiante de Idiomas que se convierte en Profesor.
Es verdad que la mayoría de los docentes de lenguas extranjeras han pasado alguna vez por la experiencia de aprender ellos mismos un idioma, pero también lo es que a juzgar por las cosas que se están oyendo últimamente sobre el tema de los nuevos currículos de EE.OO.II., ese hipotético síndrome les vendría muy bien a algunos de nosotros para colocar las cosas en perspectiva. Y cuanto más exótica la lengua que tengamos que aprender durante el período que dure el síndrome, mejor. Igual así nos convencemos de que en el nivel uno de lenguas de alfabeto no latino se pueden aprender cosas que no sean sólo leer y dibujar las letras (saludar, presentarse, pedir algo en una tienda…) sin necesidad de saber escribir. ¿O ya no nos acordamos de aquel viaje que hicimos al quinto pino en el que conseguíamos comprar un billete de tren aprendiendo de memoria unas fórmulas aunque no consiguiéramos descifrar más que los números en el billete que nos entregaban? E igual así también nos dábamos cuenta de que el aprendizaje de una lengua extranjera no se limita ni puede limitarse a lo que sucede en el interior de nuestras clases, y que sin mucha lectura, audición y práctica escrita y oral fuera de clase – hoy día con las maravillosas herramientas cibernéticas que tenemos a nuestra disposición – es imposible aprender de verdad una lengua. El número de horas de trabajo que tienen que ser dedicadas al trabajo personal y autónomo aumenta a medida que progresamos hacia niveles superiores de conocimiento del idioma.
Otra cosa es que concibamos la enseñanza de idiomas como un proceso en que el alumno adquiere exclusivamente lo que “le dan” en clase y obtiene evaluación positiva no por sus habilidades comunicativas, desarrolladas con su trabajo y esfuerzo autónomo y la ayuda de lo que “le dan” en clase – incluyendo técnicas de aprendizaje de lenguas -, sino por mostrar que “sabe” lo que “le han dado” y nada más. Y aquí el alumno que sólo pretende aprobar porque “ha ido a todas las clases” y “sabe” “lo que se ha dado” podría sufrir de vez en cuando el síndrome simétrico y meterse en la piel del profesor que pretende que él sea capaz de comunicarse en otro idioma y seguir aprendiendo por sí mismo.

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One Response to “Síndrome del Profesor Alumno (o del Alumno Profesor)”

  1. María Dolores dice:

    ¿Y no será que en realidad todos queremos ser profes de latín? Yo desde luego soy una filóloga clásica frustrada. Y como yo, muchos. Quizás lo que hacemos es enseñar latín a través del idioma moderno que nos toque. Así, lógicamente, damos todo lo que se puede dar: declinaciones, casos, preposiciones, etc. y sólo pedimos aquello que damos. Total, nadie se va a comunicar con lo que se hace en el aula. Todo el mundo sabe que “hasta que vas al país” no se empieza a aprender algo realmente válido. ¿Qué es eso de aprender por sí mismo? ¿Quiérese decir que un bailarín una vez que aprende a dar la pirueta A tiene que seguir practicando para ver si consigue dar la B? ¿Pero eso no es todo lo que debe saber? Vaya, esto es más complicado de lo que parece entonces. Mejor seguimos con las declinaciones.

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